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Narrar, dialogar o equilibrio de ámbos

Varias son las formas de dividir el texto de un libro: tres actos clásicos, acción y descripción, o la que hoy decido explicar: narrar y dialogar. Igual de importante que las anteriores, vital para el equilibrio de una buena historia.

Cuando afrontas la redacción de tus primeros escritos, sueles dejarte llevar (o deberías hacerlo si se trata de un talento innato) por tus sentimientos, experiencias, emociones, etc... a la hora de completar página tras página la obra que tengas en tu mente. No pongamos límites a la creatividad, ni siquiera límites de ortografía o gramática. Dejaremos que la mente fluya y nos lleve a completar la historia. Pasada esa fase inicial, comienza el pulido de nuestra novela, usando las fases de: reposo, re-escritura, correcciones y lectura final.


En cada una de las cuatro fases posteriores a la escritura, nos centraremos en añadir aquello que nuestra historia necesite, eliminar todo lo que sobre o redunde, corregir fallos de léxico, allanar las frases para evitar el efecto telegráfico, etc... hasta dar con una correcta forma de exponer la historia a los lectores, que son los que decidirán si has escrito un excelente libro o algo mediocre.

Pero volvamos al tema inicial: narrar o dialogar. Si usamos la narración para todo o la mayor parte del libro, haremos una historia distante, sin vida en los personajes, con una acción insuficiente. El lector se sentirá como si observase la historia a través de un túnel muy lejano, sin sentirse dentro de ella.

Si llenamos el libro de diálogo, como si se tratase de una película, tendremos un guión de cine en el los lectores casi nunca sabrán dónde se encuentran los protagonistas, cómo son, cómo son esos lugares. Sentirá un mareo o vértigo constante durante la lectura.

La redacción perfecta, ya la hagas desde la escritura inicial o más tarde, en las cuatro fases posteriores, debe contener un equilibrio entre narrar lo que sucede en la historia (y alrededor de los protagonistas) y los diálogos y monólogos entre ellos. Ni siquiera una persona muda debe quedar sin voz, para eso puedes incluir sus pensamientos o su comunicación por signos o escribiendo, eso le humaniza y provoca la empatía.

La narración trata de dibujarte la escena para contarte la acción que transcurre en ella, los diálogos te muestran a los personajes y cómo se relacionan entre ellos, cómo participan de la acción y cómo llegan a empatizar con el lector.

No descuides este consejo, recuerda que tu historia es maravillosa en tu mente, pero debes hacer que lo sea para los lectores. Debes ser capaz de crear bellos personajes y escenarios para una historia inolvidable, pero también debes saber definirlos, describirlos y llevarlos al lector de la forma adecuada para que comprenda tu visión.

Como todos los artículos de este blog, éste no es más que una humilde opinión, que espero sea de ayuda a los que comienzan a escribir sus primeras novelas o relatos.
¡Mucha imaginación para todos!






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